La llegada del frío viene siempre acompañada todos los años de enfermedades relacionadas con las bajas temperaturas, algo que dificulta el funcionamiento óptimo del sistema inmune que puede debilitarse por muchos motivos: periodos de estrés, enfermedades, cambios estacionales, malas dietas, de ciencias internas…

Antes de caer en el error de autoadministrarse con vitaminas sin orden ni control –y mucho menos sin prescripción médica o farmacéutica- basta con conocer los hábitos, pequeños gestos de la vida diaria, alimentos o comportamientos que vale la pena cambiar para revitalizar el sistema inmunológico de forma sencilla y duradera. ¡Especialmente ahora de cara al invierno y su propensión a gripes y resfriados!

  • Descansa adecuadamente. El sistema inmune funciona mejor durante la fase vegetativa parasimpática, que es la que predomina en los periodos de descanso, relajación y sueño.
  • Huye del estrés. El estrés tanto físico como emocional, así como las emociones negativas (tristeza, cólera, envidia..) contribuyen a bajar las defensas orgánicas.
  • Practica ejercicio moderado de forma habitual. Caminar todos los días media hora a buen ritmo puede ser suficiente.
  • Adáptate a los cambios bruscos de temperatura. No abuses de las prendas de abrigo, toma baños de sol, realiza actividades al aire libre y todo lo que contribuya a mejorar tu resistencia física.


¿Cómo puedes reforzar tus defensas de una manera sana y natural?

Tu dieta debe ser equilibrada y especialmente rica en vitaminas y minerales: Las vitaminas A, B, C y E mantienen en buen estado las células que recubren el interior de las vías respiratorias, protegiéndolas frente a las agresiones de virus y tóxicos ambientales.  Por eso, hay que prestar particular atención a lo que comemos en esta época del año especialmente propensa a la inmunodepresión.

1. Alimentos fermentados. Productos como el kéfir contienen enzimas y microorganismos que refuerzan el sistema inmune. Otros alimentos fermentados beneficiosos: el natto, el tempeh y el miso (derivados de la soja), el kimchi koreano (fermentado de vegetales), los pepinillos y las aceitunas.

2. Vegetales crucíferos. Los crucíferos son una familia de vegetales que incluye el brócoli, la col, la coliflor, el repollo y la col de Bruselas. Además de ser productos de temporada, protegen contra diferentes patógenos y la polución en las ciudades.

3. Coco y aceite de coco. Además de que es excelente para la tiroides y el metabolismo en general, el aceite de coco es rico en ácido láurico.

4. Verduras locales, orgánicas y crudas. Las verduras son grandes aliadas de refuerzo para las defensas por su contenido en vitaminas y minerales. Para aprovechar al máximo sus propieda- des, hay que ingerirlas frescas.

5. Frutos rojos y cítricos. Los frutos rojos se encuentran entre los mejores antioxidantes del reino natural, y contienen menos azúcar que muchas otras frutas.

6. Setas. No es casual que la temporada de las setas sea durante los meses más fríos. Los hongos refuerzan el sistema inmunológico al contener unos poderosos compuestos llamados beta-glucanos, capaces de estimular las defensas.

7. Propóleo y polen de abeja. ¡Nuestras abuelas tenían toda la razón! Además de miel y jalea, las abejas producen estas dos sustancias muy recomendables.

8. Té verde. En lo que a poder antioxidante se refiere, nada supera al té verde. Especialmente el té Matcha (procedente de Japón) y el té Tulsi (procedente de la In- dia).

9. Ajo. Es antibacteriano, antiviral, fungicida, anticancerígeno y, además, reduce el colesterol.