Home / Salud / Cómo nuestra infancia influye en nuestra salud como adulto
en Salud

Cómo nuestra infancia influye en nuestra salud como adulto

¿Alguna vez te has preguntado por qué actúas de cierta manera?, ¿por qué tienes ciertos miedos o inseguridades? Nuestra salud y personalidad como adultos vienen dadas, en parte, por nuestra infancia. Hay experiencias que vivimos de pequeños que nos marcaron mucho, siguen estando ahí e influyen directamente en el día a día de nuestra vida en la etapa adulta.

El aprendizaje emocional

El aprendizaje emocional se desarrolla principalmente durante los primeros seis años de vida. Durante esta etapa, interiorizamos muchos procesos emocionales que repetiremos cuando seamos adultos. Es por ello que, lo que hayas aprendido en esos años, será crucial para tu desarrollo como adulto.

De pequeños nacemos con unos circuitos emocionales innatos, compuestos por emociones básicas o primarias. Esas emociones tienen un origen genético que, a medida que vamos creciendo acompañados de nuestros padres o seres queridos, vamos perfilando, dando lugar así a nuestro carácter o personalidad.

Es por ello por lo que, la forma en la que nos relacionamos de pequeños con nuestros padres o seres queridos influye en cómo nos relacionaremos en un futuro como adultos. Si el desarrollo emocional en nuestra infancia no fue correcto, probablemente no podremos desarrollarnos neurológicamente de forma óptima, y, por lo tanto, nos costará más regular nuestras emociones. ¡Pero nunca es tarde para trabajar esa parte de nosotros mismos!

Nuestra relación con la comida

Es durante nuestra infancia cuando se fijan los hábitos alimentarios y, si no se establecen correctamente, requerirá que se trabaje ese hábito en un futuro como adultos. Si durante nuestra infancia seguimos unas rutinas alimentarias adecuadas y un estilo de vida saludable, reduciremos las posibilidades de sufrir ciertas patologías en la edad adulta. Además, estas medidas ayudan a evitar los trastornos nutricionales, la anemia, el sobrepeso o la obesidad.

En general, es recomendable que en la dieta de los más pequeños abunden cereales, frutas y verduras, reduciendo al mínimo las grasas saturadas y la sal. En menor cantidad, también se debe consumir huevos, lácteos y pescado.

No solo afecta a la salud física

Nuestra infancia, más allá de influirnos en nuestra salud, también influye en nuestra personalidad. Por ejemplo, que exista cierta falta de apego por parte de nuestros padres, puede conllevar problemas cognitivos, afectivos y comportamentales.

Que sean más leves o graves esos problemas dependerá de la relación que se haya vivido y de cómo la hemos percibido y trabajado.

Por otro lado, la manera en la que los demás nos enseñan a juzgarnos a nosotros mismos influye en nuestra autoestima y, en cómo nos vemos a nosotros mismos como adultos.

En definitiva, cómo se desarrolle nuestra infancia dejará huella en el resto de las etapas de nuestra vida. Lo importante es sacar el lado positivo y tener en cuenta que nunca es tarde para intentar mejorar esas carencias o resolver esos pequeños conflictos, aprendiendo a vivir con el mayor equilibrio posible.